la mafia no descansa

La Herradura

Publicado: 2011-05-27

Ahora que las actuales autoridades municipales, haciendo eco de tantos reclamos al respecto, parecen decididas a recuperar “La Herradura”, es oportuno recordar a la que, en su época y muchos años antes del auge de los balnearios sureños, fuera considerada la mejor playa de la Capital.

Al final del serpentín que se inicia en el Malecón de Chorrillos, aparece “La Herradura”. Allá por los años sesentas y setentas, esta hermosa playa de bravas olas, era la favorita de las clases media y media alta de Lima. Su contraparte era la populosa Agua Dulce.

Como preámbulo a “La Herradura”, se ubicaba una pequeña playa llamada “Caplina” la que se puso de moda a inicios de los años ochentas, gracias a un pequeño malecón y estacionamientos que se construyeron en esa zona y que fueron destruidos por un maretazo a mediados de esa década. Sobre ella había un Restaurant-Bar de nombre “Menke” que posteriormente se convirtió en el salsodromo “La Maquina del Sabor”. Actualmente el local se encuentra abandonado.

Esta pequeña playa debía su nombre a un barco pesquero que encalló frente a ella en 1963. Nunca se pudo rescatarlo y poco a poco desapareció en el mar, inclusive hasta fines de los setentas aun era posible divisar sus restos entre las olas.

Pero esa es otra historia.

Hasta mediados de los años sesenta, en la zona que mucho tiempo después ocuparía el “Menke”, había un local llamado “Kon Tiki”. Su atractivo, aparte del restaurante, era una enorme piscina de agua salada y piso de arena. Debo confesar (con cierto rubor por los años transcurridos) que en innumerables oportunidades, en compañía del batallón infantil de la familia, me bañe feliz en esa piscina.

Cuentan los abuelos (mejor dicho los bisabuelos) que en ese mismo lugar y por los años treinta, existió un restaurante llamado “Palm Beach”. Seguramente fue así y la piscina de mi infancia fue herencia de ese remotísimo local.

Hacia la parte final de la playa estaba el Club Samoa, fundado por el legendario play boy y tablista Carlos Dogni, en una época, uno de los más exclusivos de Lima. Hoy el local se encuentra en ruinas.

Entre los inmuebles emblemáticos de la playa se encuentran el edificio “Las Gaviotas”, construido a mediados de los años cincuenta y aun habitado, así como el restaurante “El Suizo”, el que hasta la actualidad continua atendiendo al público, seguramente recordando tiempos mejores.

Durante el verano, los fines de semana eran amenizados por música proveniente de parlantes instalados a lo largo de la playa, música que era interrumpida para dar la clásica “Hora Inca Kola” y mientras la ropa se encontraba a buen recaudo en las carpas, los bañistas disfrutaban de las enormes olas que eran características de “La Herradura”. A decir verdad, en muchas oportunidades, las carpas no solo servían de guardarropa, también se convertían en niditos de amor, que muchos recordarán con una sonrisa al leer estas líneas.

A mediados de los años sesenta, en la explanada cerca al túnel, funcionó uno de los primeros circuitos de chachi karts que hubo en Lima, aunque no llegó al año de actividad ya que fue clausurado debido a que uno de estos pequeños vehículos se precipitó al barranco, muriendo el joven que lo conducía. Una desgracia.

En realidad es notoria la inseguridad del terreno en esa zona, pero en esos tiempos no existía Defensa Civil, ni nada que se le aproxime.

Parte indesligable de “La Herradura” es su famoso túnel de 208 metros de largo. Fue mandado a construir en 1910 por la Compañía Nacional de Tranvía Eléctrico (CNET) conocido como "La Nacional", para ser utilizado por los tranvías que cubrían la reciente ruta hacia la playa. Años después, al quebrar la compañía, se retiraron los rieles y se habilitó para automóviles, vehículos que ya se habían popularizados.

Al ingresar al túnel, los conductores encendían las luces de los vehículos y, alentados por los niños de la familia, hacían sonar sus bocinas. En la mitad del trayecto se apreciaba una publicidad de Coca Cola y a la salida un panel de Inka Kola recordaba a los conductores “Apagar sus luces”.

Cruzarlo a pie era toda una aventura, generalmente se hacía en grupo de amigos que, llenos de algarabía, iban gritando aprovechando el eco y entre risas bromeaban con la presencia de murciélagos para asustar sobre todo a las chicas.

Luego llegó la desgracia. A mediados de los ochentas Pablo Gutiérrez, por entonces Alcalde de Chorrillos, pretendió hacer una carretera que debía unir “La Herradura”, con “La Chira”, playa ubicada al otro lado del característico cerro y no se le ocurrió mejor método que mandar a dinamitar una parte de él.

Las rocas y piedras, producto de la explosiones, cayeron al mar alterando la marea y con las corrientes marinas volvían a la playa cubriendo la arena. El resultado fue la disminución de la de playa hasta casi desaparecerla.

Actualmente el proyecto se encuentra abandonado.

Es indignante que una playa hermosa y representativa de una época, se haya arruinado por culpa de planes improvisados que irresponsablemente se quisieron aplicar.

Afortunadamente, las actuales autoridades municipales metropolitanas tienen la firme intención de recuperar no solo la playa, sino todo su entorno. Esperemos que tengan éxito pues “La Herradura” lo merece.

Finalmente, quiero transcribir para ustedes, un fragmento de la novela “Conversación en la Catedral”, de nuestro Nobel Mario Vargas Llosa, donde hace referencia a “La Herradura”, describiendo en pocas líneas el ambiente nocturno de la playa.

“El Chispas acercó el auto a la vereda y ellos pudieron ver, desde el asiento, los hombros y caras de las parejas que bailaban en “El Nacional”; oían los timbales, las maracas, la trompeta y al animador anunciando a la mejor orquesta tropical de Lima. Al callar la música, oían el mar a sus espaldas, y si se volvían, divisaban por sobre la barandilla del Malecón la espuma blanca, la reventazón de las olas. Había varios automóviles estacionados frente a los restaurantes y bares de “La Herradura”. La noche estaba fresca, con estrellas.”

Buenos tiempos, ojala regresen.


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